Tikal

Banda de pizotes persigue a los turistas

Otro problema serio en el parque nacional es la proliferación de aves de rapiña, los cuales afectan la cadena del ecosistema, apunta un experto.

Jorge Jimenez

Pese a que el titular de la presente nota podría alertar a las autoridades de la Policía Nacional Civil, en realidad los preocupados son los biólogos estudiosos de la naturaleza petenera. Se trata de una gran cantidad de pizotes, de esos de verdad, que persigue los

 
botes, donde los turistas depositan la basura, en busca de alimento.

El Jefe del Departamento de Biología del Parque Nacional Tikal (Panat), Rony García, afirma que los animales han cambiado sus hábitos. Prefieren comer los restos que dejan los visitantes, hasta el punto de que recorren los basureros en lugar del bosque, explica.

Además, señala, esta transformación en la dieta trae consecuencias como la obesidad, cambios en el pelo y, lo más peligroso de todo, es que se acercan a los turistas.

Existe el peligro de que ocurran accidentes, indica, pues algún pizote, en su intento por tomar lo que le ofrecen los visitantes, puede morder la mano de quien lo alimenta. 

Sin dinero

El administrador del Panat, Eduardo González Vassaux, destaca la necesidad de impulsar un programa para evitar que la situación se salga del control de los expertos.

El Departamento de Biología ha hecho sus recomendaciones, pero la falta de recursos nos impide solucionar los problemas, ya que basta cambiar las bases de los toneles para que no puedan ser volteados, el sistema de recolección y el almacenamiento de la basura, comenta.

Los pizotes, manifiesta, dejan tiradas las bolsas que se roban de los depósitos en la zona boscosa, lo cual obliga al personal a internarse en la jungla para limpiarla.

Zopilotes solidarios

García hace ver que también los zopilotes se han convertido en una plaga del parque, debido que hasta hace poco no se contaba con un basurero adecuado.

La población de los carroñeros ha crecido tanto que comenzó a desplazar y a exterminar otras aves de las copas de los árboles, las cuales sí podrían estar desapareciendo del área, agrega. Como ejemplo, relata, un nido de gavilanes ubicado en una de las crestas de los templos fue saqueada por las aves de rapiña.

Aunque los zopilotes se encuentran en todas partes, afirma, si su número crece sin control se rompe el equilibrio del ecosistema.

Sofía Paredes, subdirectora del Instituto de Antropología e Historia (IDAEH), considera que la presencia permanente de un biólogo es necesaria para esa reserva natural.

A pesar de la importancia de la zona, enfatiza, se desconocían esos problemas, por lo que es gratificante que el programa comienza a dar sus frutos, aunque sigamos con recursos limitados.

Publicado en Prensa Libre el 17/03/2000